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QUÉ ENTENDEMOS POR ARBOLADO URBANO

  Asistimos en estos años a una curiosa ambivalencia, a un doble sentido, cuando hablamos de áreas verdes y arbolado urbano.

Ambas concepciones conviven, aparentemente sin conflictos, en la mente de los gestores y de los usuarios.¿Se puede gestionar correctamente algo, un bien público, que no se sabe exactamente para qué es?

La cuestión no es insignificante. La indefinición actualmente existente está permitiendo saltar ágilmente de un concepto a otro según los intereses del momento, tanto a los críticos como a los defensores de la polémica de turno.

  En la teoría: El tratamiento es, básicamente, funcional. Pongamos por ejemplo, un referente clásico fundamental en el urbanismo español, D. Luis Rodrígez-Avial Llardent. En su obra “Zonas Verdes y Espacios Libres en la ciudad”, dedica 62 páginas al Capítulo II: “Funciones exigibles a los Espacios Verdes en la ciudad actual y futura”. Es decir, los espacios verdes y los elementos verdes tienen sentido en la medida en que cumplen determinadas funciones, una de las cuales es el estético. 

  En la práctica: El problema es que el Planeamiento urbano recoge la cuantía de la reserva de Espacios Libres, pero no concreta su composición, que queda al arbitrio de la jardinería ornamental. Y si la concepción es “ornamental”, no hay una referencia sólida:

  ¿Adorno o función?  

    En lo que respecta al arbolado urbano,

Por difícil y delicado que sea determinar las funciones que obligadamente debe cumplir el arbolado urbano, es obvio que éstas deben ser más amplias que el puro adorno. Cada ciudad deberá de definir conscientemente (o, conscientemente, indefinir) en su Normativa (Plan General y Ordenanzas) la funcionalidad de sus Espacios Libres y de su arbolado urbano. La gestión global del arbolado urbano, diseño, ejecución, mantenimiento, valoración económica, etc., tiene su apoyo último en lo que la Normativa de cada ciudad defina o deje sin definir.

 

¿Arbolado ornamental o arbolado urbano?

Elijamos las palabras precisas. Nuestra propia terminología colabora en una dirección o en otra: las palabras transmiten ideas.

Gabriel Iguiñiz Agesta                                          www.arbolonline.org

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