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ÁRBOLES, OBRAS Y RESTAURACIÓN.

  “Vamos a conservar esos árboles ...”

      En aquellas áreas sometidas a obras, en las que existe un arbolado instalado, es muy frecuente (y está muy bien visto) que el proyecto pretenda salvar el arbolado existente.

    También es frecuente fracasar en el intento.

    Fracasar quiere decir que, si bien tras las obras el arbolado se conserva y brota con aparente normalidad, años después muestra claros síntomas de declive (copas secas, debilitamiento progresivo...) que, o bien acaba con la muerte de los árboles, o bien estos acaban recuperándose, pero su estructura queda definitivamente dañada, convirtiéndose en árboles peligrosos.

    Dado que los pliegos de condiciones no exigen una vigilancia sobre los elementos vegetales más allá de 1 ó 2 años, este tipo de afecciones sobre los árboles suele pasar desapercibido, o achacado a un mal mantenimiento en los años posteriores a las obras.

    Hay que volver al lugar de la obra a los 5 ó 10 años después, y ver cómo están los árboles que se intentaron salvar.

     “Hacer todo lo posible” por salvar el arbolado no significa conseguirlo. En las actuaciones que se realizan sobre los árboles o su entorno, se cometen una serie de errores típicos, que son el origen de los males posteriores.

    Estos errores típicos suelen consistir en alteraciones del suelo bajo y alrededor de los árboles, y en daños sobre los propios árboles.

    Los diez mandamientos (... a modo de resumen. Podríamos poner más.).

  1. Lo que le hagas al árbol ahora, lo manifestará, no mañana, sino dentro de 4 (ó 8, o más) años.

  2. No hace falta tocar al árbol para dañarlo muy gravemente. La parte más delicada del árbol está bajo la superficie. Y no a 2 metros de profundidad, sino a 30 cms. de profundidad. Las raíces están instaladas horizontalmente y lo más superficialmente que pueden. Y en un área normalmente mayor que la proyección de la copa.

  3. Basta una zanja para degollar un árbol. Basta rebajar el suelo 20 cms., elevar el nivel del suelo 30 cms., o compactar el suelo con el simple paso de camiones o maquinaria, para dañar gravemente un árbol.

  4. Algunos árboles pueden sobrevivir a alteraciones graves del suelo fabricando nuevas raíces de absorción, pero las raíces de anclaje pueden morir y descomponerse, y, tras ello, el árbol caerá en una tormenta.

  5. El centro del tronco no es la parte más viva, sino la más muerta. La parte más viva del árbol está justo debajo de la corteza: los golpes y descortezados son las heridas más graves.

  6. Los árboles no “se curan”, no son animales. Es prácticamente imposible “curar”, “fortalecer”, “alimentar” o “recuperar” un árbol dañado, herido, agotado. Las heridas grandes (podas exageradas, desgarros...) producirán, con seguridad, pudriciones graves de la estructura, 10, ó 15 años más tarde.

  7. Los árboles dañados no suelen morirse: sobreviven dañados y siguen creciendo, convirtiéndose en árboles peligrosos. La valoración y reducción de riesgo es una actividad en alza...

  8. Cuanto mayor sea el arbolado (más viejo, más alto, más denso...), más difícil es actuar sin graves consecuencias; cuanto más joven, todo más fácil. Y hay especies que soportan más los abusos, y especies que no aguantan nada.

  9. No creas que lo sabes todo sobre los árboles. Observa los resultados a largo plazo, y pregúntate porqué.

  10. Todos estos problemas se pueden prever, pero no se pueden solucionar. Generalmente es posible (aunque francamente difícil) actuar correctamente bajo el arbolado. Todo proyecto de "conservación" de arbolado debe llevar un estudio, previo al inicio de las obras, que plantee un plan de conservación serio y bien realizado. Sin esta previsión, la conservación entra directamente en el terreno del milagro.

Gabriel Iguiñiz Agesta                                          www.arbolonline.org

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