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DISEÑO DE ARBOLAMIENTO DE ÁREAS VERDES. NORMATIVA.

1. INTRODUCCIÓN.

2. EL DISEÑO DE LOS ARBOLAMIENTOS URBANOS.

2.1. Función y objetivos del arbolado urbano.

2.1.1. Concepción ornamental del verde urbano.

2.1.2. Concepción funcional del verde urbano.

2.1.3. Objetivos de las áreas verdes y del arbolado urbano.

2.2. Diseñando ahora para conseguir después.

2.3. Diseñando con un elemento vivo de desarrollo progresivo.

2.4. Diseñando con un elemento vivo que tiene unas necesidades concretas.

2.5. Convivencia con otros elementos y servicios.

2.6. Reposición, renovación, pervivencia.

3. NORMATIVAS PARA EL DISEÑO DE ARBOLAMIENTOS.

4. CONCLUSIÓN.

 


  1. INTRODUCCIÓN.

Frente a las habituales restricciones de espacio y desarrollo que el viario que impone al diseño del arbolamiento, las áreas verdes ofrecen unas posibilidades mucho mayores, cuando no ilimitadas.

En el arbolamiento de los grandes espacios públicos (plazas, paseos...) y de los espacios verdes (jardines  parques...) es donde el proyectista puede (en teoría) diseñar con libertad. Y por ello, es en los grandes espacios públicos y de los espacios verdes donde con mayor facilidad podemos analizar las reglas básicas del arbolamiento, reglas que, por otra parte, deben afectar también al arbolamiento del viario, de todo el arbolado urbano.

  2. EL DISEÑO DE LOS ARBOLAMIENTOS URBANOS.

Entendemos por diseño una determinada elección y disposición de elementos (árboles en nuestro caso) en el tejido urbano para alcanzar determinados objetivos.

Hay tres aspectos, en esta definición, que deben considerarse atentamente:

Finalmente, hay que preguntarse si cabe diseñar un espacio arbolado concreto  sin tener en cuenta el resto de los espacios urbanos, existente y futuros.

2.1. Función y objetivos del arbolado urbano.

2.1.1. Concepción ornamental del verde urbano.

Subsiste aún hoy (y con mucha fuerza) una concepción clásica que considera el verde urbano como un elemento de “decoración” y “ornato” de nuestras ciudades, y, consecuentemente, se habla de “arbolado ornamental”.

2.1.2. Concepción funcional del verde urbano.

La concepción funcional, cada vez más aceptada, exige que, tanto áreas verdes como arbolado, cumplan determinadas funciones concretas: regulación ambiental, atenuación de ruidos, depuración del aire, aportación de humedad y sombra, etc., etc.

 Así, por ejemplo, D. Luis Rodríguez-Avial Llardent, en su obra “Zonas Verdes y Espacios Libres en la ciudad” (1982), dedica 62 páginas al capítulo II: “Funciones exigibles a los Espacios Verdes en la ciudad actual y futura”. Obviamente, una de las funciones es la ornamental, después de muchas otras.

Según esto, la concepción meramente ornamental del arbolado urbano, y el enfoque meramente ornamental de su diseño, serían una simplificación inaceptable.

2.1.3. Objetivos de las áreas verdes y del arbolado urbano.

Si superamos el concepto meramente decorativo, las áreas verdes y el arbolado urbano deben cumplir unos objetivos concretos, una funcionalidad.

Tanto la presencia como la ausencia del arbolado tienen unos efectos concretos, positivos o negativos. Algunos de estos efectos son necesariamente positivos (calidad del aire, etc.), con un beneficio proporcional a la mera presencia cuantitativa. Sin embargo, otros muchos efectos (presencia física, volumen, opacidad, sombra, etc.) son efectos con beneficio condicionado, pues no son interesantes en sí mismos, sino que, según el entorno urbano concreto, tanto pueden resultar beneficiosos como molestos. Es más, dado que los diferentes efectos pueden presentarse indisolublemente unidos, de una determinada presencia y disposición arbórea, unos efectos resultarán beneficiosos, y otros, quizás, resultarán indiferentes, molestos o peligrosos.

Por lo tanto, la mera presencia arbórea no garantiza la producción de beneficios, y son diversas circunstancias (características y usos del espacio, entorno, proporción, disposición, ubicación, especie, estado, etc.) las que deciden si una presencia arbórea es correcta y produce unos beneficios óptimos.

A nivel práctico, primeramente, deben definirse unos objetivos globales, para el conjunto de la ciudad. Aquí, la red de espacios libres, su riqueza, densidad, interrelación, accesibilidad, vegetación, etc., marcan las líneas generales de la posible y deseable funcionalidad. Pero, ¿deben pretender y ofrecer las mismas funcionalidades las áreas verdes de La Coruña que las de Almería? Obviamente, no. Las particularidades locales (climáticas, etc.) deben marcar las funciones y objetivos concretos.

Finalmente, se deberán definir objetivos funcionales locales, de proyecto, pero coordinados entre sí, de cara a lograr los objetivos globales.

2.2. Diseñando ahora para conseguir después.

Aunque hay una clara tendencia a implantar ejemplares de vivero con un desarrollo importante, no es posible la implantación masiva de ejemplares adultos de especies de mediano y gran desarrollo adulto (más de 10 metros de altura).

            Esto obliga a diseñar plantaciones de ejemplares jóvenes que, en el mejor de los casos, alcanzarán su desarrollo maduro 30, 40 ó 50 años más tarde. Por tanto, la plantación recién realizada difiere obligadamente de la arboleda madura.

El diseño debe aceptar este reto, dando una solución funcional (quizás no completamente funcional) a día de hoy, posibilitando la evolución hacia la arboleda madura, y garantizando que tal arboleda madura cumplirá la funcionalidad requerida.

2.3. Diseñando con un elemento vivo de desarrollo progresivo.

            Además del reto de implantar árboles jóvenes que durante muchos años no llegarán al desarrollo maduro, se puede presentar, con los años, el problema inverso: los árboles pueden presentar un crecimiento continuo (natural y propio de la especie) quizá no deseado por el proyectista.

            Este problema no se presenta únicamente en el arbolado viario (donde es un problema crónico), sino también en las áreas verdes con grandes espacios, donde los ejemplares de especies de gran desarrollo llegan a provocar problemas importantes de gestión: exceso de densidad, espigamiento excesivo, pérdida de la iluminación a nivel de suelo, etc.

2.4. Diseñando con un elemento vivo que tiene unas necesidades concretas.

            Cabe recordar que el árbol (tanto más cuanto mayor sea el desarrollo adulto de la especie) tiene unas necesidades respecto del entorno:

El diseño del arbolamiento debe prever y garantizar las condiciones y cualidades de suelo y entorno.

2.5. Convivencia con otros elementos y servicios.

            El árbol urbano tiene una larga vida, tan larga que roza la incompatibilidad con la dinámica vida del entorno físico urbano y sus continuas alteraciones.

            El diseño deberá prever tales alteraciones inevitables, y atender conjuntamente las arboledas y los demás servicios y elementos, especialmente los que afectan al suelo o al subsuelo (conducciones subterráneas, pavimentaciones, etc.).

2.6. Reposición, renovación, pervivencia.

            Los árboles individuales envejecen y mueren. Las arboledas pueden tener una vida más larga que la de los propios árboles que la componen. El diseño de la arboleda hará fácil, complejo o imposible la reposición y renovación, y con ello, la pervivencia de la arboleda.

3. NORMATIVAS PARA EL DISEÑO DE ARBOLAMIENTOS.

            Tras haber pasado revista a los diferentes aspectos a tener en cuenta en el diseño de los arbolamientos urbanos, y aceptando que el objetivo del diseño es, no ya una pretensión meramente ornamental, sino la obtención de unos beneficios y funcionalidades concretos, parece evidente la necesidad de normativas locales que ordenen tales tareas de diseño y garanticen el logro de los objetivos.

            No existen tales normativas en España. El Planeamiento urbano recoge la cuantía de la reserva de Espacios Libres, pero no concreta su composición ni su diseño, que queda al arbitrio de la “jardinería ornamental”.

            La propuesta de normativa más ambiciosa en este sentido (no aprobada aún) es el trabajo: “Plan de Gestión Integral del Arbolado y de la Malla Verde de Segovia”, de 1996. Ordena los siguientes aspectos:

            Aunque en ese trabajo no se especifican unas orientaciones concretas de diseño del arbolamiento de espacios verdes, se dicta un protocolo que somete el diseño a la aprobación de los Servicios Municipales, tanto en la creación de nuevas arboledas, como en la conservación o remodelación de las existentes.

        Lo que sigue es un extracto del trabajo de Segovia.

  NORMA TÉCNICA: Proyecto y Plan de Gestión de una nueva arboleda.

            Toda nueva plantación de arbolado que no sea una mera reposición en una arboleda existente deberá presentar ante los Servicios Municipales , y obtener la aprobación, un Proyecto y un Plan de Gestión de la arboleda que se pretende implantar.

            Un Proyecto de una nueva arboleda consiste en un documento que recoge:  

        Un Plan de Gestión de una nueva arboleda consiste en la descripción de los trabajos, regulares y extraordinarios, que se prevean necesarios y suficientes para alcanzar y mantener la arboleda adulta que se presenta en el Proyecto: preparación del terreno, plantaciones, cuidados, riegos, podas de formación, trabajos anuales y plurianuales, podas regulares de mantenimiento, reducciones de densidad, etc.

NORMA TÉCNICA: Proyecto y Plan de Gestión de Arboledas Existentes.

            Cada una de las arboledas existentes (alineaciones, parques y jardines) tendrá especificados un Proyecto de Arboleda  y un Plan de Gestión, a la vista del arbolado presente, de su estado, importancia de los ejemplares, marcos, copas, distancias a fachadas y vías, vistas, etc., y a la vista del diseño original (si se conoce y se desea mantener). Se realizará una propuesta de diseño concreto y racional (aceptando o no la situación actual) que se pueda mantener en el tiempo.

            La detección y corrección (y en su caso, eliminación) de arbolado peligroso es inexcusable. (Ver Norma Técnica correspondiente).

            El Proyecto de Arboleda Existente consiste en un documento que recoge y describe la arboleda, especies, estado, particularidades, interferencias, carencias, problemas, etc., y plantea una situación deseable a conseguir y mantener, tanto sea una continuidad de la situación existente, como una remodelación de la entidad que sea. Debe además, especialmente, recoger los usos del espacio, y la función y el papel que se espera del arbolado.

            El Plan de Gestión de una Arboleda Existente consiste en la descripción de los trabajos, regulares y extraordinarios, que se prevean necesarios y suficientes para mantener, y , en su caso, alcanzar, la arboleda que se presenta en el Proyecto: trabajos regulares de mantenimiento, detección y eliminación de peligrosidad, inspecciones, riegos, reposiciones, reducciones de densidad, trabajos anuales y plurianuales, etc

4. CONCLUSIÓN.

Las áreas verdes, consideradas como conjunto funcional, tienen la capacidad, no sólo de constituir islas de sombra y frescor, sino de influir en las condiciones de habitabilidad de la ciudad.

El arbolado, elemento fundamental del “verde urbano”, debe alcanzar la presencia precisa para aportar la funcionalidad precisa, abandonando su papel meramente ornamental.

Su presencia debe ser diseñada desde la máxima racionalidad y desde la máxima coordinación con el resto de los elementos urbanos, preferentemente bajo normativas específicas.

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  Gabriel Iguiñiz Agesta                                          www.arbolonline.org

Mayo 2003

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