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GESTIÓN DEL RIESGO
VTA y
valoración de riesgo en sistemas de inventariación informática de arbolado
urbano.
1. VTA y valoración de
riesgo.
VTA (Visual Tree Assessment), o EVA en español (Evaluación Visual del Árbol), es un método de evaluación del estado estructural y del riesgo de rotura de un árbol, considerando no sólo sus posibles puntos débiles, sino también la capacidad del árbol de corregir tales puntos débiles (Matteck and Breloer, 1995). Es, hoy en día, una referencia fundamental y universalmente aceptada.
Debemos tener en cuenta, sin embargo, que VTA es una mera estimación de riesgo de rotura mecánica, y no una estimación del riesgo de accidente.
Los intentos de evaluación de riesgo de accidentes en arbolado urbano (“tree hazard”) tienen una ya larga historia. La valoración de riesgo de accidente pretende expresar tanto la probabilidad como la gravedad de un posible accidente causado por la posible rotura de un árbol en ambiente urbano. La propuesta “Evaluation of Hazard Trees in Urban Áreas” (Nelda P. Matheny y James R. Clark, 1994) sigue siendo una sólida referencia. Ellos consideran no sólo el riesgo de rotura (la debilidad estructural), sino también (y en igual medida) el tamaño de lo que puede caer y la altura de caída, y, finalmente, la importancia de lo que puede ser dañado por el árbol en su caída (“diana”). Es decir, en este modelo, la debilidad estructural supone un tercio del índice final de riesgo de accidente.
Dado que el arbolado urbano puede presentar un riesgo real de accidente, el responsable del arbolado urbano debería conocer el nivel de riesgo de los árboles y realizar las actuaciones necesarias para mantenerlo por debajo de un determinado valor. Eludir esta responsabilidad hace que entremos en el terreno de la negligencia.
Los sistemas comunes de valoración de riesgo están diseñados para atender a árboles individuales. El gestor o el técnico que trabaja con arbolado urbano, además de atender árboles individuales, necesita tener una visión global del arbolado urbano.
Dado que numerosas ciudades carecen de un inventario actualizado de arbolado y áreas verdes, cabe plantearse la posibilidad de aunar inventariación general de arbolado y estimación general de riesgo.
Los sistemas clásicos de inventariación atienden los aspectos de ubicación, especie, edad, altura y estado, recogiendo en “estado” algunos datos generales como edad relativa, plagas y enfermedades, etc. Con estos datos no es posible hacer una estimación de riesgo, ni siquiera orientativa.
En los últimos años, la aparición de sistemas informáticos de inventariación está permitiendo la toma y manipulación de grandes cantidades de información. Con estos sistemas ya es posible explotar los datos de inventariación en varias direcciones muy interesantes, una de ellas, la que ahora nos interesa, la valoración general de riesgo.
La valoración general de riesgo desde un sistema informatizado pretende abordar de manera progresiva y completa la gestión del riesgo del arbolado urbano, en tres fases:
en una primera fase, en el propio trabajo de inventariación, se toman de todos y cada uno de los árboles los datos suficientes para una “valoración visual”. Los aspectos a contemplar y la forma de medirlos se deciden junto con el técnico municipal. Puede variar de una ciudad a otra, y puede ser diferente para arbolado viario y arbolado de parque, así como es diferente para arbolado común y arbolado singular (grandes ficus, etc.), y para palmeras. De cada árbol se toman datos de ubicación (georeferenciada al entorno arquitectónico y a los demás elementos vegetales), especie, medidas, edad relativa, daños en base (medidas de cavidades y descortezados, hongos...), daños en tronco (medidas de cavidades y descortezados, hongos, flujos bacterianos, fisuras, deformaciones, inclinación...), daños en copa (corteza incluida, % copa seca, terciados y chupones, con anotación de los diámetros de las ramas afectadas...), y daños sintomáticos en raíz y suelo (problemas de alcorque, grietas de esfuerzo, historial de zanjas...). Por otro lado, se realiza una zonificación de la ciudad en un “mapa de riesgo”, dando a cada punto un valor según el grado de ocupación ciudadana (“diana”) y/o elementos extraordinarios. Un modelo matemático convierte las diferentes mediciones en un único índice en el que están representados los aspectos fundamentales: especie, altura, debilidad estructural y diana.
segunda fase: los árboles pueden ser ordenados ahora en orden creciente de índice, y establecerse unos niveles de urgencia de atención. Los árboles con índice aceptable serán atendidos por las labores de mantenimiento normal. Los árboles que presenten una acumulación de aspectos negativos (especie frágil, altura considerable, problemas estructurales graves, diana alta...) habrán obtenido un índice alto o muy alto, y van a recibir atención individualizada.
tercera fase: siguiendo el orden de urgencia de atención, los árboles van recibiendo una visita de inspección en la que se confirman sus datos de inventariación y se toman nuevos datos, con testificación instrumental, etc., para, en base a todo ello, decidir las actuaciones correctoras oportunas.
Un trabajo de este tipo requiere una formación y control exquisitos sobre los técnicos inventariadores, que, en todo caso, no pretenden una VTA estricta de cada uno de los árboles, sino una toma de datos, sistematizada y dirigida, de unos aspectos concretos que, entendemos, cubren la mayor parte (y los aspectos más importantes) de los problemas sintomáticos implicados en riesgo de rotura y de accidente.
Este modelo de gestión general del riesgo permite controlar la globalidad de la población de arbolado, establecer prioridades y fases, prever necesidades y partidas presupuestarias, coordinar actuaciones, etc.
3. La testificación
instrumental en el contexto global de la valoración de riesgo.
Sería sumamente interesante contar con una estadística de accidentes específica de cada ciudad: especies implicadas, puntos y tipos de rotura, bienes afectados, entorno, fechas, condiciones meteorológicas, etc.: la estimación de riesgo debería regirse por la accidentalidad real. Sin embargo generalmente carecemos de estudios en este sentido.
En general, los accidentes más frecuentes son las roturas en copa (ramas y copas secas, o desgarros de horquillas y cortezas incluidas), siendo menos frecuentes los desplomes de árboles por fallo de anclaje radicular, y aún menos frecuentes las roturas de tronco. A falta de datos fiables de accidentalidad, la gestión de riesgo debería seguir esa misma lógica.
La inventariación de lesiones y defectos en copa no es sencilla, y la de problemas, lesiones y defectos en cuello y raíz, frecuentemente imposible. Sin embargo, como la testificación instrumental (Arbosonic, Martillo de impulsos, Resistógrafo, Fractómetro...) es de aplicación sencilla cuando se realiza en tronco, se observa con frecuencia que es ahí donde, por sencillez, se realizan la mayor parte de las testificaciones, aunque sabemos que no es en tronco donde se dan las roturas más frecuentes. La testificación instrumental debe realizarse, no necesariamente en los puntos más sencillos (base de tronco y tronco a media altura), sino allí donde fuera necesario, dentro de una valoración completa y justificada del árbol.
La valoración de riesgo debe suponer una inspección valorativa completa de árbol y entorno, escrita, cuantificada y justificada. La testificación instrumental puede y debe usarse para aportar datos en los campos menos obvios de la inspección visual, especialmente en los árboles de gran desarrollo.
En este sentido, los aparatos de testificación son fundamentales: todo Servicio de Parques y Jardines debería contar con ellos, familiarizarse con ellos, y utilizarlos de manera habitual (o contratar los servicios de empresas que lo hagan). Sin olvidar que el objetivo no debe ser la mera valoración estructural, sino la valoración del riesgo de accidente.
Por otro lado, el árbol individual no debe estorbar la visión del conjunto de los árboles. La atención puntual obligada a determinados árboles concretos no debe distraer del control del riesgo del arbolado urbano en su conjunto, que debe basarse en la inventariación y toma de datos general, decidiendo desde ahí qué árboles precisan una atención individualizada mas o menos urgente.
Gabriel Iguiñiz Agesta www.arbolonline.org