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VALORACIÓN ECONÓMICA DEL ARBOLADO URBANO
La valoración económica del arbolado urbano, tanto de árboles individuales, como de conjuntos de árboles, como del valor
patrimonial del conjunto del arbolado de una ciudad, es una tarea compleja porque, para empezar, no está claro qué se debe valorar.
- Un primer problema consiste en que, para valora
algo, hay que saber por qué le damos valor. Normalmente todo elemento
urbano tiene unas funciones definidas, y está ahí para cumplirlas: una fuente, una farola, una conducción de agua,
etc. En el arbolado urbano no está bien definido "para
qué" está ese árbol ahí, por lo que no se puede valorar
"cuánto" está cumpliendo su función.
Véase a este respecto la información "Qué
es arbolado urbano", en esta misma web. Por esto, todos los
sistemas de valoración económica eluden la valoración funcional
("está bien ahí", "no debería estar ahí",
"aquí falta arbolado", "aquí sobra", "debería
haber arbolado, pero menos voluminoso que el existente", etc.), es
decir, eluden valorar el conjunto, el arbolamiento, el efecto, la
función..., y pasan
directamente a valorar los árboles existentes. Esto es una simplificación
quizás excesiva, pues se puede acabar dando un altísimo valor económico a árboles,
por ejemplo, ubicados en un lugar absurdo, radicalmente molestos. O a no
incluir, en la valoración global, la ausencia de arbolado allí donde es
obvia y flagrante su ausencia.
- Los diferentes métodos que hay intentan valorar el árbol
individual existente, dando valor, básicamente, a la especie, al tamaño y al estado.
En la práctica esto significa que "a más grande, más valor", "a mayor
edad, más valor", "a mejor estado, más valor".
- Esto tiene sentido sólo en parte, pues así como es correcto cuando
hablamos de un árbol singular o monumental, puede no tener sentido en
otros casos, arbolado viario, por ejemplo, donde es posible que el
tamaño grande sea un problema (que, de hecho, me obliga a podar cada
año...), o donde la edad, a partir de un momento, no es precisamente
una característica interesante.
- La valoración del estado (estructural, fitosanitario...) suele
tenerse en cuenta, pero no suele llevar el valor de un árbol a cero,
cuando hay árboles que, por su estado (ruinoso, semimuerto, etc.)
merecerían muy poco o ningún valor.
- No se llega tampoco a valoraciones negativas, lo que quiere decir que
cualquier árbol, en cualquier estado y ubicación, es interesante, con
tal de que esté ahí.
- Todo ello trabaja en la dirección de un mantenimiento a ultranza de
lo existente, sin favorecer un rejuvenecimiento, cambio o alternativa.
- La consecuencia puede ser una población de árboles viejos y en mal
estado, y de los que no nos planteamos "qué hacen ahí", ni
cuándo van a ser renovados, ni si esa es la especie o disposición más
interesante.
- A pesar de todas las
dificultades, y fruto de un equipo de trabajo consolidado y comprometido, el "Método
para valoración de árboles y arbustos monumentales. NORMA GRANADA.",
redactado en 1990, revisado en 1999, y vuelto a revisar en 2006, se esfuerza
en recoger estos retos y dar una solución razonable. Afronta la valoración de
árboles, palmeras y arbustos, así como la pérdida de valor por daños parciales
en copa, tronco o raíces.
Gabriel Iguiñiz Agesta
www.arbolonline.org
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