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GESTIÓN ESTRUCTURAL: UNA REVISIÓN DEL MUNDO DE LAS PODAS.

1. INTRODUCCIÓN.

2. PLANTEAMIENTO Y OBJETIVOS DE ESTE TRABAJO.

3. EL DESARROLLO NATURAL DE LA ESTRUCTURA DEL ÁRBOL.

3.1. El desarrollo natural según P. Raimbault.

3.2. Algunas consideraciones al modelo de P. Raimbault.

4. EL DESARROLLO ALTERADO: LA ESTRUCTURA DEL ARBOLADO URBANO.

5. FORTALEZA ESTRUCTURAL Y DEFENSA A LA PUDRICIÓN.

6. LA GESTIÓN ESTRUCTURAL DEL ARBOLADO URBANO.

7. LOS CORTES DE PODA.

8. RELACIÓN ENTRE PODAS Y ESTADO FITOSANITARIO.

9. GLOSARIO


6. LA GESTIÓN ESTRUCTURAL DEL ARBOLADO URBANO.

            El objetivo de la gestión estructural es conseguir y mantener a lo largo del tiempo una estructura arbórea sana, sólida, adecuada al espacio disponible y a un programa de poda definido; en definitiva, una gestión sostenible de la estructura del árbol. 

6.1. Arbolado en espacios abiertos.

            En espacios urbanos abiertos (tanto zonas verdes como pavimentadas), la norma general debe ser el desarrollo de arbolado en su modelo estructural natural. El correcto diseño  y la elección inteligente de las especies (desarrollo máximo, persistencia o caducidad de sus hojas, porte, densidad de sombra, color, etc.) proporcionan suficientes opciones creativas.

            Por otro lado, el control de la densidad a lo largo del tiempo (la implantación consciente de un número de ejemplares muy superior al deseado en la madurez de la arboleda y la eliminación oportuna de los ejemplares sobrantes) será normalmente imprescindible para una correcta gestión (tanto de la estructura concreta de los árboles, como de la “estructura” de la arboleda y del espacio global). 

6.1.1. Conducción estructural natural.

La conducción estructural natural precisa el logro de dos objetivos simultáneos y, en buena parte, relacionados: la obtención de un eje central único y dominante, y la presencia de un fuerte vigor.  Cuando ambos objetivos se han logrado, el desarrollo de la estructura natural se obtiene espontáneamente y no se precisan nuevas intervenciones formativas, salvo excepciones. (Ver 3.1. El desarrollo natural, según P. Raimbault.).

            Del vigor se ha hablado en 3.2.2 y 4.

            La obtención de un eje central único y dominante, se detalla en el punto 3 y 6.3. 

6.1.2. Conducción en estructura artificial, alterada.

            Si por exigencias del diseño se desea estructuras artificiales en espacios abiertos, su formación se discute en el punto siguiente. 

6.2. Arbolado en espacios restringidos.

            El espacio urbano es, por definición, restringido. Y esto rige, también, en el espacio disponible para el desarrollo del arbolado, especialmente en viario.

            Las restricciones espaciales no deben contemplarse sólo hacia las edificaciones, sino respecto al total de las servidumbres existentes en cada caso (edificaciones, tráfico peatonal y rodado, señalización, etc.), restricciones paisajísticas, etc.

La primera regla debe ser la renuncia a la implantación de arbolado allí donde no se disponga de espacio suficiente.

La segunda, obviamente, la implantación de especies cuyo desarrollo y porte se adapte al espacio disponible.

La tercera debe ser el logro de un tronco único, vertical, y sin ramificaciones hasta una altura de 2,50 metros en áreas peatonales y 4,50 metros junto a vías de tráfico. Es decir, interesa un tronco recto y alto y, a partir de ahí, una copa de desarrollo moderado, lo que es, en buena parte, contradictorio. Y esa contradicción es tanto mayor cuanto mayores sean las restricciones de espacio. 

6.3. La formación estructural, o “la poda de formación”.

            Como ha mostrado Raimbault, la estructura del árbol adulta conserva y refleja los accidentes sufridos a lo largo de su desarrollo (descopes, debilidades, etc.). Dado que en el ambiente urbano estas alteraciones son frecuentes, incluso inevitables, el arbolado urbano, incluso el árbol joven, acaba teniendo una estructura fruto de tal cúmulo de circunstancias.

            Las malformaciones más comunes son:

El objetivo de la formación estructural es lograr una estructura juvenil y adulta determinada, no necesariamente condicionada ni por el tratamiento en vivero, ni por los avatares que sufra la planta a lo largo de su primer desarrollo.

Es conveniente la preexistencia de un proyecto y un plan de gestión de la arboleda, donde se recoja el desarrollo deseado para ese arbolado en ese espacio concreto, la estructura a conseguir, el modelo de poda de control de copa a realizar a lo largo del tiempo (si fuera necesario), etc. 

6.3.1. Las horquillas bajas en el eje central.

            Las plantas de arbolado salen de vivero con un tamaño de, aproximadamente, 2 metros. Cuando encontramos árboles urbanos jóvenes con horquillas a menor altura, quiere decir, en general, que las plantas salieron de vivero ya horquilladas.

            Este es un defecto de calidad de planta absolutamente inaceptable, por sus consecuencias posteriores. Una planta horquillada no interesa a ningún precio.

            Las horquillas bajas deben corregirse siempre, eliminando una de las dos ramas de la horquilla, aunque esto supone la eliminación de la mitad de la copa. Se realizará cuando la copa muestre signos de entrada en crecimiento vigoroso. 

6.3.2. El vaso formado espontáneamente.

Como hemos visto, tras una plantación chapucera (mala calidad de planta, mala calidad de raíz, mala calidad de suelo, malos cuidados...) la planta suele caer en un círculo vicioso: poco vigor >> brotaciones cortas y apretadas >> vigor repartido en múltiples brotaciones >> brotaciones cortas y apretadas, etc.

El resultado suele ser un vaso espontáneo que suele adolecer de, al menos, dos defectos indeseables:

No habrá un desarrollo vigoroso de la copa mientras no haya un desarrollo importante del sistema radicular. Y esto puede tardar unos cuantos años.

El logro de un sistema radicular potente quedará evidenciado por la presencia de un desarrollo vigoroso (elongaciones y engrosamientos importantes) en la copa. Esta entrada en vigor de la copa puede quedar disimulada por el reparto de tal vigor entre los múltiples brotes existentes.

Pero la entrada en vigor de una planta de estas características no hará sino agravar y perpetuar los defectos existentes, engrosándolos. 

6.3.2.1. Aclarado del vaso espontáneo.

            Si se considera que la estructura en vaso es adecuada y su altura correcta, debe abordarse la operación de aclarado del vaso, porque, de no hacerlo, el engrosamiento progresivo acaba apretando unas ramas contra las otras, con los consiguientes problemas (cortezas incluidas, etc.).

            El aclarado consistirá en la eliminación simultánea y completa de las ramas necesarias, hasta lograr un vaso de 3 ó 4 ramas bien abiertas y orientadas. Esto puede suponer el sacrificio de una buena parte de la copa, pero, dado que la operación se efectúa con la planta con buen vigor (y con buen desarrollo del sistema radicular), la recuperación de la copa será rápida.

            Los brotes que, en los siguientes años, aparezcan a nivel de los cortes dados, se eliminarán en verde (primavera-verano). 

6.3.2.2. La recuperación del eje central.

            Si la altura a la que se formó el vaso se considera inadecuadamente baja, se precisará una recuperación del eje central, bien para continuar una formación estructural en eje único, bien para abrir el eje en vaso a más altura.

La recuperación del eje central no se realizará antes de la entrada en vigor de la planta, y consistirá en la eliminación de todo el ramaje presente salvo el brote más vertical y mejor conformado. Esto supone un indudable trauma para la planta, que, como en el caso anterior, pierde repentinamente buena parte de la copa. Pero si existe realmente un buen desarrollo radicular, la planta superará bien la crisis.

            Los brotes que, en los siguientes años, aparezcan a nivel de los cortes dados, se eliminarán en verde (primavera-verano). 

6.3.3. La formación estructural de los árboles en desarrollo libre.

            Si el volumen de copa adulta específico se acomoda las circunstancias del entorno concreto, el árbol no tendría que recibir reducciones de poda. En este caso, su formación estructural puede seguir dos caminos:

Recordemos que la estructura en eje central evoluciona espontáneamente, abriéndose, a partir de una altura y edad, en horquillas sucesivas, conformando una estructura adulta específicamente predefinida (aunque condicionada por la iluminación y la competencia de los árboles cercanos), por lo que no es preciso realizar más intervenciones de formación (salvo corrección de alteraciones accidentales).

La estructura en vaso en los árboles de gran desarrollo produce una estructura en candelabro. Este tipo de estructura está muy presente en ambiente urbano, por razones ya expuestas. La rotura de estas estructuras no es infrecuente, incluso sin cortezas incluidas, pues son estructuras con poca solidez y los brazos de palanca son muy grandes (ver punto 5.3). 

6.3.4. Las podas de formación para programas de reducción sistemática de copa.

            Los programas de reducción sistemática de copa deben ir precedidos de una formación estructural específica, que se detallan en el punto 6.4. 

6.4. Las podas de reducción sistemática de copa.

            Prácticamente la totalidad del arbolado viario está sujeto a programas de reducción sistemática de copa, debido a la incongruencia entre el espacio disponible y el vigor y tamaño específicos.

            Las podas se realizan con el ritmo y la intensidad necesaria para controlar el vigor y el crecimiento. La eliminación sistemática de todas las ramas (y la sangría energética que esto supone) reduce el vigor del árbol, lo que, por un lado, reduce su desarrollo, pero, por otro lado, disminuye las defensas del árbol frente a heridas, pudriciones, plagas y enfermedades.

La formación estructural del árbol joven se condicionará a los futuros programas de reducción regular de copa. Básicamente se presentan dos casos: las escamondas en “cabezas de sauce” y las podas por “acortamientos drásticos”.

Cuando los árboles son muy vigorosos, o la discordancia entre desarrollo y poco espacio es muy grande, conviene sujetarse a uno de estos dos modelos.

Cuando el vigor (o la discordancia) es menor, son posibles, y se observan a menudo, sistemas de poda que no son ni lo uno ni lo otro, sino escamondas globales que lo mismo acortan que eliminan o seleccionan brotes. 

6.4.1. Control de copa mediante escamondas en “cabezas de sauce”.

            Desde el punto de vista de las posibles pudriciones derivadas, el control del volumen de copa mediante cabezas de sauce es un sistema correcto, ya que se realiza mediante cortes pequeños que el árbol es capaz de cerrar fácilmente.

            Desde el punto de vista fisiológico, si el programa de poda se mantiene regularmente, el árbol “se acostumbra” a él, y dispone sus reservas en las propias “cabezas de sauce”, con lo que se puede llegar a un equilibrio aceptable, aunque siempre con un descenso del vigor.

Este sistema es posible siempre que las podas se realicen cada pocos años (1 a 5), y que el número de cabezas sea suficiente y proporcional al vigor de la copa. Un número escaso de cabezas provoca un número y vigor excesivo de brotes en cada cabeza, lo que dificulta el proceso.

Se puede realizar con cualquier especie, aunque da más problemas con aquellas especies que presentan brotes tiernos (arce negundo, por ejemplo).

La poda debe hacerse con cortes tan rasos como se pueda, aunque sin herir las cabezas. Si no se hacen cortes rasos y se dejan tocones, la inserción de las reiteraciones no es limpia y se dificulta la siguiente poda.

Es frecuente este sistema en plazas o pequeños espacios abiertos, con plátanos, disponiendo todas las cabezas en un mismo plano, a modo de pérgola o cenador.

            El número y la disposición espacial de las cabezas de sauce en cada ejemplar y en el conjunto de la arboleda deben predefinirse y realizarse mediante un programa conjunto de formación. Una vez las jóvenes plantas comienzan a crecer con vigor, se descopan todas a una misma altura (mínimo, 3 metros). De los brotes surgidos al siguiente año, en el invierno se respetan sin cortar 4 brotes vigorosos, preferentemente horizontales, y bien orientados en dirección a los árboles vecinos. Es conveniente, si se quiere conseguir una ordenación formal, disponer a esa altura unas guías (alambres, cables...) permanentes entre los árboles, y atar los 4 brotes respetados de cada árbol a la malla así formada: esto garantiza la uniformidad de direcciones y alturas. El mismo invierno que se hace todo esto, se cortan los cuatro brotes de cada árbol a una distancia de 1 metro ó 1,50 metros de distancia del árbol. En esos puntos se formarán, podando los brotes, las primeras cabezas de sauce. Se evitará, en lo posible, la realización innecesaria de heridas y cortes fuera de lugar, pues producirían brotaciones indeseables y reiterativas (y, finalmente, nuevas cabezas de sauce) en tales puntos.

            Se ve con cierta frecuencia unir las ramas de un árbol con las de los próximos, formando una red permanente de ramas horizontales, desde las que salen verticalmente los brotes anuales, que se podan.

             Según los árboles van desarrollándose, hay que aumentar el número de cabezas por árbol, sacando nuevas cabezas a partir de las existentes, a una buena distancia de las anteriores (1,20 metros como mínimo), y bien dispuestas espacialmente (en el mismo plano que las anteriores, si se desea). Esto puede requerir la instalación de una nueva red de cuerdas o alambres.

            También es posible (aunque menos frecuente) utilizar las cabezas de sauce en arbolado de alineación con poco espacio de desarrollo. En estos casos se disponen las cabezas en una única línea paralela a las fachadas o a la vía, sin permitir que se desarrollen cabezas fuera de esa línea. 

6.4.2. Control de copa mediante acortamientos drásticos: las “podas de reducción”.

            Consiste en la reducción de copa mediante el acortamiento de la totalidad de las ramas de entre 5 y 10 años.

La estructura de origen puede ser un “vaso espontáneo” (ver 6.3.1), un terciado, o una estructura elaborada ex profeso, que el caso menos malo. Para esto se realiza, a una buena altura, una apertura en vaso de 2 ó 3 ramas: si hay poco espacio, 2 ramas, en un plano paralelo a las fachadas. Como en otras situaciones de reducción de copa, cuanto mayor sea la disparidad entre volumen específico y volumen disponible, más complicado (o imposible) será controlar el proceso.

Las copas se dejan desarrollar hasta un cierto punto (si hay un plan de poda predefinido) o hasta que empiezan a dar problemas de exceso de copa, interferencias, etc., y ese momento se realiza un acortamiento de todas las ramas a una misma altura, con cortes de 4 a 6 cm. Se forma así un “primer piso” de cortes.

De los puntos de corte surgen abundantes brotes, que se aclaran en los siguientes años hasta dejar solamente dos o tres en cada punto.

Llegado el momento de la siguiente reducción (si hay plan de poda) o bien cuando nuevamente se presentan problemas de exceso de copa, se realiza un nuevo rebaje, por encima del “piso” anterior, y se continua con el mismo procedimiento: aclarado, rebaje (“tercer piso”), brotación, aclarado, etc. Si el espacio es reducido, hay que aplanar la estructura, eliminando los brotes dirigidos hacia la vía o hacia las fachadas, y conservando solamente las ramas paralelas a la vía y fachadas.

El método es tanto más agresivo cuanto mayores sean los diámetros de corte o, lo que es lo mismo, cuanto más se separen en el tiempo los acortamientos.

            Desde el punto de vista de las posibles pudriciones derivadas, el control del volumen de copa mediante acortamientos drásticos es tanto más agresivo cuanto mayores sean los diámetros de corte. Depende de las especies y de la vitalidad, pero, en general, si se realiza a base cortes de más de 5 cm, aún en el caso de realizarse a nivel de una fina rama lateral (tirasabias), debe aceptarse la instalación de pudriciones.

            Desde el punto de vista fisiológico, la sangría energética es enorme, dada la pérdida de superficie foliar, la pérdida de reservas (no sólo la de la madera cortada, sino la correspondiente a la madera que queda aislada por las barreras de compartimentación que se generan ante las pudriciones), y la obligada dedicación energética a generar barreras frente a la pudrición en las zonas de cortes.

            La utilización de tratamientos fitosanitarios ante la posible presencia de plagas y enfermedades, puntuales o crónicas, será probablemente inútil si el origen de la instalación del patógeno es un estado de debilidad crónico.

La reducción de copa mediante acortamientos drásticos es una operación francamente traumática no recomendable, salvo en especies con fuerte compartimentación, y siempre que la experiencia haya demostrado una cierta viabilidad.

            Dado que en muchas de nuestras ciudades el plátano es la especie más presente, y dado que el plátano soporta (a duras penas) este tratamiento, se ha ido generalizando la “validez” del método. El resto de las especies acaba arruinada estructuralmente con el paso de los años (e incluso el plátano también).           

6.5. La eliminación de ramas bajas: la “poda de refaldado”.

El árbol urbano, especialmente en viario, precisa de un tronco vertical y limpio, que ocupe el mínimo espacio en la sección transversal de la vía.

En áreas verdes las ramas laterales se pueden consentir, y así se hace con las coníferas, arbustos, etc.

La poda de refaldado consiste, en todo caso, en la eliminación de las ramas laterales bajas. Dado que se trata de ramas bajas, tiene barrera a la pudrición en sus bases. 

6.6. La reducción de densidad de copa.

Algunas veces se habla de excesiva densidad de copa, de exceso de sombra, de “necesidad de aireación”... Sería interesante concretar cuál es el problema y cuál es el objetivo.

Si la densidad foliar específica resulta excesiva, no tiene mucho sentido actuar anualmente para reducir la densidad de copa; la solución correcta es cambiar de especie.

Si la estructura presenta una excesiva densidad de ramas y rebrotes, la solución es abordar una formación estructural y revisar el programa de poda.

Si la estructura es correcta, la pretensión de reducir la densidad de copa, tampoco tiene mucho sentido, al menos como propuesta y sistema general de poda.

            La pretensión de reducir superficie de empuje al viento (en los casos de peligro de rotura o vuelco) debe abordarse (como se trata más adelante, en el punto 6.13) no por pretensiones de reducción de densidad, sino por reducción de altura de la copa. 

6.7. El caso especial del acortamiento de ramas laterales en hipotonía.

            Ya hemos visto en 3.2.3, 3.2.4 y 3.2.5 que sólo son ramas laterales las brotadas bajo una dominancia apical fuerte, y que sólo se comportan como tales mientras esa dominancia persiste. Y que estas ramas brotan, más o menos horizontales, de un eje vertical, que las domina. También hemos visto que en el árbol en desarrollo libre las ramas laterales sólo están presentes en la copa juvenil, temporal, y que en el árbol podado del viario podado prácticamente no existen ramas laterales.

            Una de las características que definen estas auténticas ramas laterales es que, como explica Raimbault (Fases 3 y 4), se desarrollan en modo hipótono, es decir, que los crecimientos se realizan desde brotaciones que surgen desde debajo de la rama, no desde encima. Cuando la dominancia apical decae, los desarrollos de esa mismas ramas laterales se producen ya desde la parte superior, es decir, en modo epítono.

Pues bien, sólo en las auténticas ramas laterales, y sólo mientras actúa en ellas una fuerte dominancia apical (es decir, sólo mientras tenemos una rama lateral funcionando en modo hipótono), el intento de acortamiento de la rama por la supresión de la parte epítona (la de encima) provoca un desarrollo vigoroso de la rama desde la parte hipótona (la de abajo).

Por tanto, en estos casos, la pretensión de acortamiento debe realizarse siempre sobre la hipótona. 

6.8. La reducción de interferencias.

            Llamamos interferencias a los conflictos de competencia por el espacio entre el árbol y el resto de los elementos urbanos: edificaciones, tráfico peatonal y rodado, señalización, iluminación, etc. Salvo en caso de arbolado singular catalogado, el árbol debe respetar, sin invadir, los espacios propios del resto de elementos urbanos, bien mediante su auto limitación específica de desarrollo, bien mediante podas de reducción.       

  6.9. La eliminación de las ramas secas espontáneas: las “podas de limpieza”.

            Como se ha mostrado en el punto 3.1: “El desarrollo natural y el diagnóstico fisiológico, según P. Raimbault”, y en el punto 3.2.3. “Ramas laterales y horquillas, copa temporal y copa definitiva”, la evolución natural de la estructura del árbol hace que, en los árboles adultos con desarrollo libre, toda la copa juvenil acabe por morir y caer al suelo, y que, incluso en la copa madura, definitiva, un buen número de ramas laterales sigan el mismo camino. La caída de tales ramas, y más desde una altura considerable, no es admisible en ambiente urbano, por lo que uno de los trabajos imprescindibles en los árboles y arboledas de gran desarrollo consiste en la detección y eliminación de ramas secas espontáneas.

            Este proceso no se produce en los árboles con programas de reducción de copa, pues en ellos la copa no llega a madurar. En ellos, el concepto de “poda de limpieza” se refiere más a la eliminación de ramas rotas, ramas que se rozan, ramas con lesiones, etc.

            Tradicionalmente se ha incluido en las podas “de limpieza” la eliminación de chupones. Ya hemos indicado que la emisión de chupones (reiteraciones) puede tener orígenes dispares y que, por tanto, deben interpretarse y tratarse de diferente manera en cada caso. 

6.10. El envejecimiento estructural.

            Tal como explica Raimbault (ver puntos 3.1 y 3.2) las fases finales del árbol conllevan, inevitablemente, la degeneración y la ruina estructural.

6.10.1. El envejecimiento estructural del árbol en desarrollo libre.

En el árbol con desarrollo libre, esa degeneración comienza en el sistema radicular, reduciendo su funcionalidad y su capacidad de anclaje, prosigue con el “descenso” de la copa, y continúa con la “regresión” general de la copa, y la neoformación de una copa interior desorganizada. Internamente, la madera sufre procesos de pudrición que la debilitan. Todo esto se traduce en roturas y accidentes tanto más graves cuanto mayor sea el peso y la altura de lo que cae, y el valor e importancia de lo que hay debajo (personas, bienes...). Las diferentes especies sufren este proceso con mayor o menor rapidez.

            La correcta gestión debe detectar estos problemas y adelantarse a las caídas y roturas, bien mediante la eliminación del árbol, bien mediante las reducciones de copa necesarias (importantes, si fuera necesario). 

6.10.2. El envejecimiento estructural del árbol sujeto a reducciones de copa.

            El árbol sujeto a reducciones de poda sufre una eliminación sistemática de todo el ramaje. Esta eliminación, que incluye las ramas gruesas que pudiesen secarse, desdibuja el proceso de envejecimiento, que se aprecia, sin embargo, por el desequilibrio estructural (“faltan” partes importantes de la copa) y la ausencia de vigor.

            La continuación de las podas de reducción sobre árboles desvitalizados acaban provocando procesos importantes de pudrición interna, lo que supone debilitamiento estructural y riesgo de accidentes.

            La degeneración del anclaje radicular, también presente, pierde algo de importancia, dado que el volumen y la altura de copa son mucho más reducidos que en el árbol con desarrollo libre. 

6.11. La eliminación drástica de la copa: los “terciados” y “desmochados”.

            Desmochar un árbol es eliminar toda la copa de un árbol adulto cortando todas las ramas estructurales desde su base, es decir, se deja solamente la columna del tronco.

            Terciar es lo mismo, pero dejando además la parte basal de las ramas estructurales.

            Culturalmente, se acepta ya, a día de hoy, la irracionalidad de estas operaciones, que, en algunos casos son fruto de la pura ignorancia y falta de oficio, y, en otros, no son sino facetas de una irracionalidad global que lleva, todavía hoy, a seguir plantando árboles de gran desarrollo en espacios limitados.

            Su gravedad se debe a la simultaneidad y gran tamaño de los cortes realizados (en este sentido es siempre más grave un desmochado que un terciado) y al enorme trastorno fisiológico y estructural:

 La respuesta de cada árbol dependerá, finalmente, de su especie y de su vigor. En los peores casos el árbol muere tras unos años en los que emite brotes débiles.     

 6.12. La reformación estructural de árboles terciados o desmochados.

            Si el terciado o desmochado se ha realizado sobre un árbol vigoroso y se producen abundantes rebrotes, el árbol recupera su producción fotosintética y no muere.

            En estos casos se puede considerar la conservación del ejemplar, mediante una reformación estructural y un plan de poda.

            En todos estos casos, la solución más segura es la formación de cabezas de sauce en los puntos de desmochado o terciado, y su poda anual. Con esto se evita la posible formación de copas voluminosas crecidas sobre puntos en progresiva degeneración.

            Sólo en los casos de árboles jóvenes de las especies con mejor respuesta (plátanos, etc.) cabe plantearse la formación de una estructura completa, pero esto podría carecer de sentido si la limitación de espacio fuera la motivación del terciado o desmoche realizado. 

6.13. Reducciones de copa obligadas por el riesgo de rotura o caída del árbol.

            La presencia de daños o debilidades estructurales puede hacer que el riesgo de accidente por rotura o caída de un árbol (que se puede llegar a valorar por métodos a los que no se hace referencia aquí) alcance valores inadmisibles.

            En algunos casos es posible reducir el riesgo respetando la integridad de la copa (retirada de la diana, consolidaciones de la estructura, etc.), pero, en general, se actúa intentando reducir el empuje que el viento realiza sobre la copa.

            Por los trabajos de L. Wessoly sabemos que  la reducción de densidad de la copa no es eficaz; se debe abordar una reducción de superficie, y más exactamente, una reducción de la altura de la copa, que reduce efectivamente la superficie y, además, se acerca la copa al suelo, donde la fuerza del viento es siempre menor.

Existen métodos para calcular la reducción necesaria.

No siempre la estructura permite una reducción ajustada, y a veces no queda otra alternativa que la eliminación del árbol o su desmochado o terciado. En todo caso, la seguridad obliga, y no se puede permitir la presencia de arbolado peligroso.

 

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Gabriel Iguiñiz Agesta. 8 de Mayo de 2004.                                         www.arbolonline.org